TU PROBLEMA DE PAREJA, NO ES TU PAREJA

Pastor Iván Méndez

Uno de los engaños más grandes en el que caemos gran parte de los seres humanos es el de creer que “las cosas se arreglan por si solas” o que “si le pedimos a Dios, él las arreglará”. 

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Esto es muy común en los matrimonios, donde dos personas que vienen de trasfondos diferentes, que crecieron en ambientes en los que los conceptos de autoridad, disciplina, responsabilidad, confidencialidad, paternidad, respeto y muchos otros no fueron los correctos, empiezan a enfrentar situaciones y no saben por qué, ya que ellos pensaban que eran “el uno para el otro”, que eran “la pareja ideal”, que todo iba a ser “un cuento de hadas”. De pronto pareciera que son como el agua y el aceite. La pregunta entonces es ¿se acabó el amor? ¿me equivoqué de persona?  ¿qué pasó?

Las parejas pretenden arreglar sus conflictos matrimoniales pasando por alto las ofensas, llegando a acuerdos o implementando estrategias que les permitan seguir avanzando en la vida, pero sin identificar la raíz del problema. Esto es como cuando a alguien que padece ataques de ira se le dice que evite las situaciones que detonan esos ataques o que salga a caminar o cuente hasta diez antes de reaccionar. En realidad lo que esta persona necesita es ser libre del problema, no aprender a convivir con él. 

Situaciones sin resolver desde la temprana niñez tales como: abusos, maltratos, abandonos, comparaciones, sobreprotección, escasez, separaciones, rechazos, falta de disciplina, etc., sumadas a las malas experiencias de relaciones anteriores, van dejando percepciones equivocadas en cada uno de nosotros que, a menos que se identifiquen y se resuelvan, afectan la manera en que vemos nuestra relación de pareja, en como resolvemos los conflictos y las situaciones del diario vivir.

Es necesario que entendamos que nuestro problema de pareja no es nuestra pareja. Nunca he visto a alguien que discuta porque el otro tiene la razón. Los conflictos matrimoniales son inevitables por el solo hecho que como hombres y mujeres percibimos las situaciones de maneras diferentes; y eso es lo que hace maravilloso el matrimonio. Necesitamos a nuestro cónyuge, porque nos complementamos el uno al otro.

Estoy convencido que todos y cada uno de nosotros debemos revisar cada situación que nos produjo algún tipo de enojo o dolor en la vida y resolverla.  Debemos identificar a quien culpamos y cómo eso afectó nuestra manera pensar. Por ejemplo, si tuvimos unos padres castigadores lo más seguro es que nuestro concepto de respeto este afectado y, tal vez, lo exijamos por la fuerza. O posiblemente ese tipo de crianza nos hizo rebeldes a cualquier autoridad, y tal vez esto nos impida recibir o escuchar consejos u opiniones de nuestra pareja sin sentirnos criticados o atacados.

Empecemos por quitar la mirada de nuestra pareja, ya que posiblemente la mitad del problema se puedan resolver si identificamos nuestra parte. En la próxima edición seguiremos hablando de como sanar esas memorias y restaurar nuestras percepciones.

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