TODO COMIENZA EN CASA

 

Por Comunidad Nuevo Amanecer

 

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El ambiente en el que crecemos y el hogar que conocemos es una parte fundamental de quienes somos en la adultez. Esto define nuestro sistema de creencias, nuestras costumbres y lo que conocemos como “bueno” y “malo”. Aunque en la adultez podemos cambiar nuestro modo de pensar y superar situaciones vividas en nuestra niñez, la realidad es que como adultos estamos directamente influenciados por lo que conocimos como la realidad en el entorno de hogar cuando éramos niños. Y aunque dichos cambios son posibles, suelen tomar tiempo y un mayor esfuerzo, pues somos propensos a actuar de la manera que aprendimos en casa.

En el hogar aprendemos qué se puede y qué no se puede hacer, por los hechos que vemos más que por las palabras que nos enseñan. Es en el hogar donde vemos como papá trata a mamá y el rol que cada uno cumple en la familia. Es en el hogar donde aprendemos como hablamos de las personas y que decimos de ellas cuando están presentes y cuando no. En el hogar es donde aprendemos el significado de la honestidad, del respeto, del cuidado personal, del amor, del lenguaje que usamos al hablar; entre otros.

Es por esto por lo que como adultos debemos ser conscientes y hacernos responsables de lo que trasmitimos a nuestros hijos en el hogar.

 

A LOS PADRES

 

La manera en la que te hablas de los demás se convierte en lo que tus hijos entienden como el estándar a seguir cuando se expresan de las personas. Aún si les dices que no hagan lo que tú haces, ellos recuerdan lo que te vieron hacer antes que lo que te escucharon decir.

 

Si hablas mal de los demás le estas enseñando a tus hijos que es normal y aceptable hacer esto. Por lo tanto, los estarás “programando” para repetir este comportamiento que los afectará negativamente en sus familias, en sus trabajos, en sus estudios y en sus relaciones en general. Y si justificas el por qué estás hablando mal de una persona, ellos también lo harán.

 

Si hablas bien de los demás, edificando a otros, entonces ese será el estándar de tus hijos y los estarás criando como hombres y mujeres con perfil de liderazgo para agregar valor y no restar valor a quienes les rodean.

 

La manera en la que le hablas a tu cónyuge será el estándar de lo que ellos entenderán como el respeto a la pareja. Si gritas a tu esposo/a o le contestas a la defensiva constantemente, estarás enseñándole a tus hijos que esta es la manera “normal” de tratarse en casa. Recuerda que tus hijos solo conocen la “realidad” de su hogar y por ello repetirán los patrones de comportamiento que vieron en casa.

 

Por lo tanto, si tratas a tu cónyuge con respeto, le estarás enseñando a tus hijos, con tu ejemplo, a respetar y ser respetados por su pareja. Cuando te comuniques con tu cónyuge piensa en como quisieras ver a tus hijos tratar y ser tratados en su relación matrimonial.

 

Esta dinámica aplica en todas las áreas de la vida, desde la alimentación, el cuidado personal, la comunicación, el orden y la limpieza de la casa, al manejo de finanzas, etc.

 

Está en tu poder ser la plataforma para que tus generaciones crezcan con los valores y las virtudes de los líderes que la sociedad necesita. Tus hijos pueden ser quienes marquen la diferencia para hacer de este mundo uno mejor. Lo que vean en tu hogar será su punto de partida.

 

A LOS HIJOS

 

Si has identificado algo que te afectó negativamente por lo que viste en tu hogar como “normal”, no juzgues a tus padres; ellos te enseñaron de acuerdo con lo que ellos conocieron como el estándar a seguir. Sin embargo, tú no tienes que repetir esa misma historia con tus hijos. Cuando identifiques un patrón de comportamiento incorrecto en ti, busca pasos intencionales para cambiar tus hábitos y poder así ser el ejemplo correcto en tu hogar. 

 

A TODOS

 

Tenemos una gran responsabilidad con nuestros hijos. Hagamos lo mejor del privilegio de marcar la pauta correcta en ellos. Recordemos siempre que TODO COMIENZA EN CASA.