FRANCISCO RICO MARTÍNEZ

El hermano lejano en Canadá

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Pasando por un laberinto de escritorios llenos de documentos, en los cuales colaboradores y voluntarios atienden personas, llegamos hasta un salón sencillamente decorado donde nos recibió Francisco Rico Martínez.

Y es que la sencillez es una de las características de este abogado y economista salvadoreño que llegó a Canadá en 1990, junto con su familia, cuando fue forzado a salir de su país natal por la situación socio-política que ahí se vivía.

Viviendo en carne propia las dificultades por las cuales atraviesa una persona que ha sido desarraigada de su entorno, inician junto con su esposa Loly el FCJ Refugee Center del que es co-directora, y así desde hace 26 años ayudan a solicitantes de refugio y personas que no tienen estatus en Canadá. Su trabajo es escucharlos, entender el caso, ayudarlos a conformarlo poniéndolo en contexto, presentándoles alternativas y dejando que ellos decidan qué hacer.

La sala de su casa es su oficina de trabajo, es el lugar donde funciona el FCJ Refugee Center; él y su esposa viven en la segunda planta, donde, si fuera necesario también albergan a aquellos que ya no alcanzaron un lugar en los shelters de la ciudad. Lo cual para él no es una obligación o imposición sino algo que hace con agrado.

Ayudar a los demás es parte de su esencia, creció con eso, lo aprendió de sus padres. Su casa paterna siempre fue un lugar de puertas abiertas para aquellos que necesitaran hospedaje. Desde niño compartió su habitación con algún primo lejano que había venido a visitar a la familia. Y desde muy chico estuvo dispuesto a hacerlo porque entendió que ese era un gesto de solidaridad.

Así, el acogimiento que las personas reciben en el Refugee Center es la reproducción de lo que la familia Rico Martínez hacía en la ciudad de Santa Ana en su natal El Salvador.

Ha trabajado siempre junto al amor de su vida Loly, con quien comparte ya 40 años de vida juntos. De ella dice “nos hemos construido mutuamente’, “nos intercambiamos pasiones, ella me dio la pasión por las personas menos privilegiadas que sufren discapacidades y yo le di la pasión por la apertura, por esta casa de puertas abiertas que acoge personas para ayudarlas en el contexto legal”.

Tiene tres hijos, Giovanni, Ana Teresa y Manuel en quienes se ha reproducido la pasión de sus padres y abuelos: compartir con al prójimo y ayudarlo.

Además, tiene tres nietos con quienes disfruta sus vacaciones exclusivas abuelos-nietos.

Francisco Rico Martínez es una persona comprometida con el cambio social quien ha dedicado su vida a los derechos humanos, la protección de ellos y a la denuncia de las violaciones de estos.

En su juventud se dio cuenta que no quería ser el abogado típico que utilizaba su carrera para tomar ventaja de las personas. Intentó ejercer de manera privada, pero no tuvo la capacidad moral de cobrar por su trabajo, el ejercer su profesión no era cuestión académica o política sino de convicción y pasión, así que optó por dedicarse a la ética jurídica y los derechos humanos siendo su primer trabajo en Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador, lugar donde podía poner su conocimiento al servicio de la gente.

Maestro por vocación, dictó Ética del Derecho e Historia del Derecho en la Universidad Nacional de El Salvador. Materias acordes a su norma de vida. La Ética del Derecho le daba la oportunidad de plantear a los nuevos abogados las reglas de comportamiento para el ejercicio de su práctica; y a través de la historia se pueden revisar como los conceptos se transforman antojadizamente para beneficio de la minoría.

Al preguntarle ¿Cuál es el aspecto que más le gusta sobre él? Responde que es su apariencia, él dice “he logrado proyectar una apariencia que genera confianza” ¿A qué se refiere cuando dice su apariencia? A la sonrisa, al tono bajo de su voz cadenciosa y pausada, al chiste para romper el hielo, a la sensibilidad al hacer preguntas y escuchar, al ambiente familiar en que son recibidos, todo eso e incluso las sandalias que usa crean una impresión de confianza en la gente, lo que permite a que las personas pueden abrirse para contar sus situaciones y así puedan ser ayudadas. Se sienten recibidos por un amigo que desea ayudarlos…. Su apariencia es su sello personal de lo cual se enorgullece.

Las personas le dicen que se parece a Moisés, a Carlos Marx, inclusive a Santa Claus, papel que representa en Navidades en las reuniones familiares y eventos de comunidad.

Y personas agradecidas por el esfuerzo que él pone en ayudarles, incluso le piden la bendición confundiéndolo con un sacerdote o representante de alguna fe, pues para Francisco la tendencia política, género o nacionalidad de las personas no son limitantes para ayudarles.

Le preguntamos ¿Qué palabra lo describe mejor? A lo que el respondió: “La frase que más me define es mi nombre, Francisco Rico Martínez, porque he hecho un esfuerzo increíble por construirlo. Soy lo que se ve en los medios de comunicación, la persona que se encuentra allí es real. Soy una persona pública, vivo donde trabajo, saco a pasear a mi perro, me conocen, no escondo nada.”

Se precia de ser quien es en cualquier lugar. Dice que no hay diferencia entre su trabajo y su vida personal, pues son una misma cosa: su trabajo es ayudar a la gente y dedica su vida para hacerlo.

Francisco fue presidente del Consejo Canadiense para los Refugiados (CCR). Ha sido reconocido por su trabajo con el Premio de Relaciones Raciales William P. Hubbard de la Ciudad de Toronto y el Medallón de la Paz de YMCA.

Su perfil está en el Museo Canadiense de Derechos Humanos en Winnipeg, como defensor de los derechos humanos de los migrantes del área centroamericana.