Rebeca Riojas Ozturk

Una sonrisa lo dice todo.


Para la doctora Rebeca Riojas Ozturk hay algo muy simple en la vida. Una regla que lo configura todo. “Tener  salud física y mental, lo demás llega por añadidura”. Teniendo esto en cuenta, no es muy difícil comprender la razón por la cual, en algún momento de su juventud, miro al futuro y deseó encontrarse a sí misma como una doctora. Una profesional de la salud, que lleva alivio a todo aquel quien lo requiere. Natal de Monterrey, México, su vida en Canadá ha sido un carrusel de emociones, en el que el apoyo de la familia ha sido la compañía más esencial de este viaje.

Desde el momento en que decide ofrendar su vida por el bienestar de sus semejantes, Rebeca comprendió que era un trabajo imposible de hacer a medias. Por ello, su dedicación a los pacientes no se limitaría al trámite de algunos minutos, con el paciente sobre una camilla y un frio Hasta Luego. Ella iría más allá. Cada paciente es una persona diferente y el componente humano, en su trato, es una prioridad. Es por esto que, su camino profesional está plagado de incontables memorias y anécdotas. “Retador, apasionante, exitoso, y sigue siendo,  una entrega absoluta a la superación profesional para ofrecer calidad y mantener sensibilidad humanitaria”. Eso lo aplicó como profesional en los años en que ejerció su carrera en México; Exactamente igual es el compromiso que demuestra con sus pacientes en Canadá.

A este país llegó un día cualquiera del año de 1.992. Las expectativas eran muchas, así como las dudas y también los temores. Pero más grande que todo, era la certeza de que un futuro afable la esperaba, más allá del frio del invierno y el idioma incomprensible. Pero el primer impacto de ese choque cultural es inevitable. El clima, el idioma, y la misma cultura. Sumado esto a muchos otros detalles, como la comida, el transporte y la multiculturalidad que se vive en cada esquina de la ciudad. Instantes que no le fueron indiferentes. “Mi encuentro con esta cultura fue más difícil de lo que me imaginé”. La parte siguiente del plan era evidente. Lograr una plaza en el mercado laboral y hacerse reconocer como una profesional integra y confiable. No obstante, decirlo era más fácil que hacerlo. “Empecé desde abajo, tocando puertas, pidiendo oportunidadesy con la determinación de encontrar un trabajo que me diera la experiencia necesaria para luego poderme conectar en el medio de la odontología”.

Rebeca define estos momentos con una palabra: “Retador… Bastante”. Pero, de igual manera se detalla a sí misma como alguien “Tenaz y perseverante”. De alguna forma, aunque la veda del camino estuviese nublada, el destino era claro. Así que, haciendo gala de su tenacidad y su perseverancia, comenzó a trabajar en todo aquello que tuviera que ver con su carrera. Aquellos momentos de incertidumbres y angustias se dieron justificados cuando las buenas noticias comenzaron a hacerse presentes. “Bueno. Logre sacar mi licencia como cirujano Dentista, y ahora tengo mi clínica dentalen Bradford Ontario”.

Una vez establecida, su nombre empezó a circular bajo el rótulo de esa responsabilidad humana, que siempre fomentó. Desde entonces, las historias de alegrías que se han cosechado, bajo el techo de su consultorio, son incontables. La salud oral puede tender a menospreciarse y los resultados de esto se hacen evidentes en patologías dolorosas y complejas. Es por ello que, Rebeca agrupa un factor educativo y de responsabilidad propia, por el tiempo que dura un tratamiento. Ella encarna el mejor equipo humano y a su disposición, lo último en equipo técnico, aplicado al campo de la odontología.

En un trabajo como este, en ocasiones, el médico quisiera hacer mucho más por sus pacientes. Pero factores como el tiempo u otros, pueden hacer imposible dejar conformes a ambas partes. Rebeca ha vivido esto y entiende esa impotencia que se siente cuando sabe que se puede hacer más. Pero por un momento de estos hay cientos más con otros tintes, más coloridos y apreciables. “La verdad son muchas las cosas buenas de mi labor. Los resultados de mi trabajoy al final compartir sonrisas con mis pacientes, yo creo que son las más gratificantes, es como si una sonrisa lo dijera todo”.

Vanas son las palabras que puedan plasmarse en este papel, que hablen de la calidad de Rebeca Riojas Ozturk, como persona, como madre, como esposa y como profesional. Más valides tiene lo que piensan quienes la conocen. Las personas que comparten el día a día con ella, y agradecen su cercanía.

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