RODOLFO OLVERA RAMÍREZ

 

El Doctor que saca las sonrisas del alma

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Hace 32 años, en septiembre de 1987 y sin saber que formaría su vida aquí, el joven Rodolfo Olvera de 26 años emprendió su viaje en autobús desde su natal México hacia Canadá. 75 horas después, con una espalda adolorida por el viaje y con solo $500 llegaría al país que se convertiría en su hogar, en donde se establecería y en el cual podría ejercer la carrera que le apasionaba: la odontología.

Es el menor de 9 hermanos de una tradicional familia mexicana, formado con disciplina y valores, de los cuales la sencillez y la responsabilidad aún están impregnadas en su personalidad. Se describe a sí mismo como una persona muy disciplinada, que le gusta mucho lo que hace. “Trato de dar lo máximo en cada cosa que hago, me gusta ayudar a la gente cada vez que puedo”.

“Mi infancia fue como la de cualquier niño de no muchos recursos. Lo que más recuerdo es mi numerosa familia. Debe haber sido muy complicado para mis padres mantenernos a todos, pero nunca me faltó que comer y siempre tuve el apoyo de mis padres y hermanos para mi educación escolar. Ser yo el más pequeño me favoreció facilitando todo para mí.” Siguiendo su pasión de trabajar con sus manos y servir a la gente estudió Odontología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Una vez cuando tenía unos 9 años, acompañó a sus hermanos a Matamoros, Tamaulipas. Mientras sus hermanos estaban conversando con unas amigas, el decidió ir a colectar conchitas de mar. Se alejó unos 500 metros, repetidamente volteaba a ver si los autos estaban ahí, cuando de repente los autos arrancaron, y aunque el pequeño Rodolfo gritó, no lo escucharon. ¡Sus hermanos lo habían olvidado en la playa!, y el pobre se sentó en la carretera a llorar. Lo que había pasado es que sus hermanos iban en dos autos, y cada uno pensaba que él niño iba en el otro auto, y para colmo tomaron rumbos diferentes. Desde las 4 pm hasta la medianoche estuvo solo hasta que la policía lo encontró llorando. Lo subieron a la patrulla (donde vivió aventuras) y lo llevaron a una delegación donde posteriormente llegaron sus hermanos llegaron preguntando si no les habían reportado un niño perdido. Encontró a sus hermanos, pero perdió sus conchitas en la patrulla.

Su adaptación en Canadá fue fácil dice él, gracias a la suerte que tuvo de conocer gente buena como el señor Miguel Pérez, de Ambato Ecuador, quien, sin conocer al recién llegado, le ayudó a encontrar vivienda y trabajo; fue su ángel con quien aún conserva una buena amistad. “Gracias a su gran ayuda estoy aquí”, dice, “asimismo recuerdo a mis amigos Patrick, Erick, Robert, Joel, y otros”. Después conoció a María Teresa (con quien se casaría dos años después), en cuya familia encontró el calor de hogar hispano que tanto añoraba. “En la familia de mi esposa me hicieron sentir en casa desde el primer día.”

Como para la gran mayoría, sus inicios fueron labrados a base de trabajo duro. Trabajó en una fábrica de vidrios, por tres años, ganando $7 la hora. Pero después de someterse a los exámenes correspondientes pudo incorporarse en el ejercicio de su profesión. “Creo que soy muy afortunado de poder ejercer esta profesión en Canadá, ya que me ha permitido superarme profesionalmente y me permite hacer uso de la más avanzada tecnología disponible.”

Da gracias a Dios que desde que abrió su oficina dental nunca le han faltado pacientes. Suman más de 32,000 personas atendidas, quienes lo reconocen en muchos lados. Él considera que una oficina dental es un lugar donde se crea una relación entre paciente-doctor que debe cuidarse, por eso le gusta atender personalmente a sus clientes 

Algo que le causa mucha satisfacción es ver sonreír con soltura a jovencitos que antes de su tratamiento habían llegado cohibidos, incapaces de socializar. Ya tiene pacientes de segunda generación, hijos de pacientes satisfechos quienes ahora les traen para que el doctor los trate, a quienes agradece su lealtad y confianza.

Hablando de su familia dice: “¡Es lo más importante en mi vida! Mi esposa María Teresa es una gran mujer que siempre ha estado trabajando conmigo apoyándome en todos los aspectos. Creo que para ser justos debo decir que de todos los logros y éxitos que pude tener hasta ahora, ella es en gran medida muy importante. Mis tres hijas Amanda y Cristina de 21 (gemelas), y Alicia de 19 son la razón de mi existencia, orgullo y motivación para seguir superándome como persona y como profesional”.

De sus hijas ha aprendido mucho, como que el tiempo en familia es más importante que tener más o mejores cosas. Por ellas ha hecho cambios de rutina. Desde que abrió su oficina odontológica en el 1995 trabajaba de lunes a domingo, luego nacieron sus hijas, los años pasaron, y en una ocasión viendo fotos de paseos y fiestas, se dio cuenta que faltaba él, ese fue el día en que decidió no trabajar más los domingos Así, actualmente no trabaja domingo ni lunes, y a veces algunos sábados para dedicárselo a su familia.

Apasionado del futbol soccer, deporte que practicó en su juventud, que sus hijas han practicado, y que le gusta ver por televisión hasta el cansancio... (de Teresa).

Dice ser muy competitivo, entre sus hobbies, además del ciclismo, está el squash, que practica dos veces por semana de manera recreacional, en el cual ha alcanzado el nivel 5 (intermedio). Y debe admitir que últimamente también lo ha atrapado el social media.

“Mis planes personales”, dice, “son seguir practicando la odontología hasta que el cuerpo y Dios me lo permitan, y disfrutar a mi familia todo lo posible.

Mis consejos para los lectores de La Guía Magazine serían que traten de encontrar lo que les apasiona hacer como trabajo, además de tratar de tener un balance en su vida de trabajo y disfrutar la vida, porque la vida es muy corta.”