NICARAGUA JICARAS DE FILIGRANA

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El fruto del árbol de jícaro, güira, morro o totumo (entre otros nombres) ha sido utilizado desde tiempos ancestrales como recipientes para contener líquidos, de ahí que el significado de jícara (del náhuatl sikalli) es vasija pequeña.

A las vasijas que los bisabuelos utilizaban como instrumentos musicales, juguetes o recipientes para servir comidas y bebidas -y que las generaciones más jóvenes dejaron de utilizar- los artesanos nicaragüenses encontraron la manera de convertirlas en ornamentos.

Las jícaras de filigrana son hermosas y finas artesanías que se elaboran en los municipios rivenses de Buenos Aires, Belén y San Jorge.

El proceso de preparación de la materia prima inicia con la cocción del fruto del árbol de jícaro, luego se le retira la corteza haciendo uso de cuchillas hasta lograr como resultado final la coraza del fruto en la cual se dibujan los diseños con grafito y luego son tallados a mano, proceso que toma unos ocho días.

Es un trabajo de familia, que ha pasado de generación a generación, convirtiéndose los más diestros son maestros de aquellos que continuarán con la tradición convirtiéndose en un modo de vida. Un patrimonio del talento nicaragüense con el que los lugareños dicen haber logrado que muchos extranjeros conozcan Nicaragua a través de sus piezas que han viajado a Europa, Norte y Centroamérica.

Elogiadas y merecedoras de premios en ferias internacionales, estas jícaras de filigrana muestran flores, paisajes de la campiña nicaragüense, imágenes de vírgenes, el escudo nacional… todo es posible para las habilidosas manos de estos artesanos. ¡Estas jícaras son verdaderas obras de arte!