Mujeres Al Poder!

 
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¡Lo estamos logrando chicas! Estamos logrando grandes avances en el reconocimiento público de los logros realizados por nosotras y de ser vistas como líderes en la sociedad. Nos hemos hecho sentir en el mundo entero, al dejar salir nuestra fuerza interior para exigir derechos que muchas veces nos han negado por el simple hecho de ser mujeres. Estamos logrando sobresalir en toda área de la sociedad, alcanzando la igualdad de género, es decir la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de las mujeres y los hombres, de las niñas y los niños que tanto deseamos. Esto es más real en algunos países que en otros y aunque aún nos falta mucho por alcanzar, ¡vamos en camino!

Sin embargo, a pesar del éxito de los movimientos que han logrado que, por ejemplo, Islandia cree una ley en la que no se permite pagarles a las mujeres menos que a los hombres, o movimientos como el de #metoo, en el que muchas mujeres han tenido la valentía de reportar el abuso sexual y otros abusos domésticos; considero que es muy, pero muy importante que tomemos un momento para reflexionar en lo siguiente:

¿Será que en nombre de la igualdad de género nos estamos, en algunos casos, convirtiendo en lo mismo que tanto hemos juzgado y que tanto daño nos ha hecho?

Sé que este es un tema supremamente delicado y que puede tocar fibras muy profundas en nosotras. Por esto, antes de querer lanzarme tomates en la cabeza, te invito a que continúes leyendo para que veas el contexto completo de esta reflexión.

Nuestro “grito interno” nos llevó a tomar acción y hablar sobre temas injustos como el no poder votar, no tener acceso a altos cargos de liderazgo en la sociedad, no tener los mismos salarios que un hombre (estando en la misma posición), no ver justicia hacia el abuso doméstico y hacia la explotación sexual de la mujer, etc. Todo esto es real y estos temas representan una clara injusticia de la que la mujer ha sido víctima. Entonces, en un momento tuvimos esa epifanía donde nos dimos cuenta de que podíamos hablar, exponer, reportar y que no teníamos que aguantar ese tipo de abusos. Entendimos que somos fuertes y que podemos poner límites a quienes nos han abusado y que juntas podemos hacer un cambio. PERO ¿qué ha pasado con esas heridas? A veces decimos, “lo que no me mata me hace más fuerte”, y reprimimos el dolor, la rabia, la amargura y todas las emociones negativas que estas injusticias han provocado en nosotras. Y como resultado, en muchos casos hemos estado corriendo una carrera, queriendo competir con los hombres y hasta nos hemos vuelto igual de injustas y resultamos tratándolos de la misma manera que fuimos tratadas por muchos de ellos.

¿A qué me refiero?

Todo comenzó buscando una igualdad. Sin embargo, por la herida tan profunda que hay en tantas mujeres (porque realmente ha habido y sigue habiendo muchas injusticias), tal vez hemos querido “sanar” esa herida probándoles que sí podemos, que no los necesitamos y que somos tan o más fuertes que ellos. Pero se nos olvida que somos únicas, aportamos a la sociedad un complemento al hombre y los necesitamos a ellos tanto como ellos nos necesitan a nosotras. No necesitamos competir o tratar de ser como ellos. Somos tan diferentes, pero tan indispensables. Somos la mitad de la ecuación y ellos la otra mitad.

Todo comenzó buscando una igualdad, pero si no sanamos las heridas, si no estamos dispuestas a perdonar, a ser sanas realmente (no ignorando el dolor y suprimiendo la amargura), estaremos haciendo con ellos lo mismo que hicieron con nosotras y entonces todo pierde sentido. Ya no tendríamos autoridad para exigir algo que nosotras mismas no estamos dispuestas a dar.

Con esto no digo que esté mal querer sobresalir, ni tampoco considero que debamos aguantar ningún abuso, en lo absoluto. Lo que sí considero es que debemos sanar para ser sabias en realmente buscar una igualdad de género y complementarnos con ellos, porque la realidad es que, nos guste aceptarlo o no, sí necesitamos al hombre y ellos también nos necesitan a nosotras. Si no lo hacemos, estaremos repitiendo la misma historia.

¡No se trata de competir, sino de complementar!

 

Información de Contacto:

Jenny Carreno – Life Coach

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