Mao Correa

Vibro en Arte… Luego Existo!  


“Yo soy artista visual porque  desde que recuerdo tengo una necesidad vital de compartir, sin hablar, esa experiencia profundamente personal de vivir… esos millones de sentimientos, ideas, confusiones, amores y sueños que tengo cada día. Con cada pintura, ensamble o pieza nueva… creo resolverme preguntas o incertidumbres; al terminarla… siento que aún no he empezado a responderlas”

Mao Correa nació en un paraíso colombiano llamado Santa Marta, aunque la mayor parte de su vida la vivió en la capital del país cafetero, Bogotá. Por decisión, Mao siempre ha precisado que todos los aspectos de su vida estén matizados por alguna interpretación artística. Profesionalmente hablando, trabajó como diseñador gráfico en piezas publicitarias, medios impresos, y en ese mismo camino se encontró como creador de imágenes a través de la fotografía  arquitectónica y el registro de curaduría urbana. “Recientemente me he concentrado por completo en la evolución de mi exploración artística a través de la pintura y el ensamble”.

La inclinación por el arte le viene a Mao prácticamente de cuna. Creció escuchando verdaderas tertulias familiares que discurrían sobre la manera correcta de aplicar técnicas de creación de texturas o aplicación de colores. Una familia relacionada de forma total en la creación y recreación de sentimientos, ideas o sensaciones a través de diversas expresiones artísticas. Dos de sus tíos son ilustradores, una tía artista plástica; y varios primos promulgan el arte desde la escultura, la arquitectura y el diseño. Este ambiente, en el que la creatividad discurría entre libros de arte, exposiciones o visitas a galerías, se fue convirtiendo en una necesidad casi que primordial por buscar un medio propio por el cual comunicar su forma de entender la realidad. Un cultivo a una inagotable imaginación abonado con largas conversaciones sobre historia del arte, escuelas, pintores, aciertos y perplejidades del arte contemporáneo. Entonces llegó el momento de conocer Canadá.

Corría el año 2013 cuando Mao Correa llegó al país. Ese inicio, ese darse a conocer, no fue nada fácil. Sin embargo, el permanente apoyo de su familia y amigos le sirvió de soporte en los momentos de duda y fueron suficientes para poder dar el primer paso. “Hoy valoro mucho ese comienzo. Reafirmé que la solidaridad y los afectos son vitales para sacar adelante tus proyectos”. Llegar a Canadá significaba para él la posibilidad de enfilar a una etapa de desarrollo y creación artística. “He producido tres series: Desecra(r)te, Immigra(r)ting y Defragment-Art y he tenido 8 exhibiciones individuales y 8 colectivas. Así mismo, he contado también con la oportunidad de transferir algunas de mis habilidades manuales en mi propia carpintería, haciendo restauración y marquetería. Disfruto mucho recuperando y transformando la madera y es una actividad creativa muy afín con el arte”.

Un explorador de las formas, la imagen, y el color. Esa puede ser la definición más precisa que pueda hacerse de este hombre, y que curiosamente es expresada por él mismo. “Un creador compulsivo que actualmente está padeciendo una etapa de mágica inspiración”. La anterior no es una afirmación dicha al azar, hace parte integra del proceso creativo que todo artista enfrenta al crear a partir de sus irracionalidades. Para Mao el proceso inicia desde adentro, desde las sensaciones. Dando un nuevo significado al término sentir intensamente. Son  momentos en que no hay barreras, dudas o incertidumbres y la conexión personal consigo mismo es absoluta. Es allí cuando nace la inspiración, la idea que se plasma en una obra. “Y esos momentos tienen que ver con el erotismo, la figura femenina, las emociones más primarias, y la música… Ésta en particular es vital para mi proceso creativo”.

Buena parte de la fuerza y vivacidad que se ve en sus obras se debe al toque de espontaneidad  que Mao confiesa cuando inicia el proceso creativo de una de  ellas. Y hablando precisamente de este proceso, para nuestro invitado es algo tan armónico que realmente no considera que tenga un inicio en sí. Un ejemplo es que la materia prima, las superficies, lo encuentran a él y no viceversa. Pueden ser una tela, una tabla, un cartón, un vidrio o un trozo de metal; puede ser cualquier cosa. Después de la depuración técnica del material viene la magia. Ese proceso por medio del cual, gracias a su talento,  transforma ese elemento en una pieza única con un nuevo significado. “Tampoco sé cuándo he terminado una obra… al parecer cuando ya no está en mis manos”

Sus expectativas más prontas están, como no podía ser de otra manera, relacionadas con la exploración de nuevos términos en los cuales desarrollar su arte. “Mi futuro cercano está comprometido en seguir creando y llevando mi obra y mensaje a muchos lugares. Canadá es inmenso y quiero recorrerlo, seguir aprendiendo de su multiculturalidad e impregnarme de su tradición artística. A mediano plazo, espero concretar pronto algunas exposiciones en Europa y Norteamérica”.

La invitación que Mao Correa quiere compartir hoy es, igualmente, una reflexión en la que ha basado no solo su vida sino su trabajo artístico. Es la de ser responsables con el legado que ha de dejárseles a quienes vienen tras nosotros y la importancia de que desde cualquiera que sea nuestra labor en esta buena tierra, podamos siempre hacer parte del cambio positivo. “Quisiera que las generaciones venideras sintieran en mi obra una invitación a concentrar sus esfuerzos en proteger y cuidar nuestro planeta. Debemos priorizar un mundo donde todos podamos vivir en armonía… en donde crear sea una práctica diaria respetuosa de nuestro entorno y destruir sea un mal recuerdo del pasado”

Para más información o conocer a fondo la obra de Mao Correa no dude en visitar su página web www.maocorrea.com