JOSE DE POOL, UN ACTIVO EMPRENDEDOR RESILENTE

SU LEMA: SACAR LO POSITIVO DE CADA SITUACION


Mi país de origen es Venezuela. Nací en Santa Barbara de Zulia, un pequeño pueblo al sur del Lago de Maracaibo al Este del País, cerca de la frontera con Colombia. Es un pueblo cuya economía en ese entonces se basaba en la industria láctea y en la cría de ganado vacuno. En mi adolescencia me mudé a la ciudad, Maracaibo, donde llevaba una vida completamente diferente. Mejor según mi opinión de ese entonces.

Screen Shot 2018-06-19 at 7.22.35 PM.png

De mi vida en el pueblo recuerdo la libertad de estar por todas partes sin preocupaciones de ningún tipo, la pesca en el río, el compartir con amigos de todas clases y procedencias. Era el hijo del médico del pueblo, lo cual hacía que me fuera difícil pasar desapercibido. Tenía sus ventajas en algunas cosas, pero también sus desventajas cuando se trataba de realizar alguna travesura, sin duda llegaría a oídos de mi papá. Era y sigo siendo muy activo, recuerdo que prácticamente solo veía a nuestros padres cuando era la hora de la comida, del resto del tiempo siempre estaba haciendo alguna actividad.

Procedo de una familia numerosa, somos cinco hermanos, que crecimos unidos todo el tiempo. Compartíamos mucho el día a día. Mismos amigos y mismas aficiones.

Me casé hace 28 años. Mi esposa María Cecilia también procede de una familia numerosa. Eran 7 hermanos. Recién casados no podíamos invitar a ambas familias a la vez a nuestra casa porque no cabíamos. Viviendo en Maracaibo siempre estuvimos en compañía de la familia, pues con alguna excepción, todos vivíamos en la misma ciudad. Tenemos dos hijos, Guillermo de 27 años y Santiago de 22 años.

Alrededor del año 2000 nos tocó, lo que considero fue, nuestra primera emigración (o la segunda en mi caso): de Maracaibo a Caracas. A pesar de ser el mismo país son dos culturas muy diferentes. Debimos adaptarnos la vida en una ciudad más cosmopolita, a la forma de relacionarse con las personas, a estar alejados de la familia, pero también encontramos un clima más benévolo y la posibilidad de hacer más actividades al aire libre. Esto último me cambió la vida. Allí me hice aficionado al ciclismo y al triatlón. Y comencé a formar parte de equipos de entrenamiento y de competencia llegando a participar en competencias internacionales de maratón y Iron Man. Hasta el día de hoy, a pesar de que ya no compito, sigo manteniendo casi el mismo nivel de entrenamiento de entonces.

Soy Ingeniero Electricista, pero hice un MBA (Master of Business Administration) en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) en Caracas y desde entonces me dediqué al área financiera trabajando para varios bancos locales y trasnacionales.

Screen Shot 2018-06-19 at 7.25.24 PM.png

A raíz de la situación de inseguridad en Venezuela comenzamos a buscar las opciones de emigración disponibles para nosotros. Descubrimos que Canadá tenía uno de los programas de migración más comprensiva a la fecha y que se amoldaba a nuestro perfil de familia. Aplicamos a mediados de 2010 y recibimos una respuesta positiva en el 2012. Finalmente terminamos mudándonos a Canadá en agosto de 2013.

Teniendo experiencia en el sector bancario decidí enfocarme en conseguir un trabajo en esa área logrando una posición en uno de los principales bancos del país en el área de banca internacional. Durante un proceso de reestructuración fui despedido casi dos años después encontrándome nuevamente en la búsqueda de un trabajo y todo lo que eso significa en un país como Canadá.

Fue en ese momento que decidí tomarme un tiempo y evaluar lo que quería hacer con el resto de mi vida laboral. Quería asegurarme que mi próximo paso no solo me ayudaría a consolidarme económicamente, sino que además me proporcionara la realización personal y profesional que sentía me faltaba anteriormente. Una de las posibilidades que estaba considerando era el comienzo de un emprendimiento a pesar del riesgo que eso representaba. Es así como surgió la idea de crear ALMONDIA. Dos años después es una realidad y actualmente me encuentro en el proceso de llevarla exitosamente al mercado.

Vivir en Canadá ha sido una experiencia muy interesante. Emigrar ha sido muy enriquecedor como experiencia personal y familiar. Nada puede prepararte para lo que es emigrar de la cultura latinoamericana a una tan distinta como lo es la cultura canadiense. Ni mejor ni peor, solo distinta. Creo que toda persona debe emigrar por lo menos una vez en su vida. Es una experiencia que te hace sacar fortalezas de donde no sabías que las tenías y que te hace valorar los momentos pasados que antes dabas por sentado. Por otro lado, también intensifica tus temores y tus inseguridades, más aún cuando no te sientes 100% cómodo con el lenguaje ni la manera de tratar a las personas.

Recuerdo que cuando llegamos veníamos a una velocidad de 200 Kilómetros por hora, queríamos que todo se resolviera de inmediato y todo era urgente. Lo único que logramos con esta actitud fue frustrarnos y volvernos críticos de la cultura canadiense y su manera de hacer las cosas. Recuerdo que sentíamos que no íbamos a poder adaptarnos y que quizá debíamos haberlo considerado un poco más. Solo cuando aprendimos a relajarnos un poco y a aceptar que las cosas aquí tienen su tiempo y su velocidad, logramos iniciar el proceso de adaptación a nuestra nueva realidad. Debo confesar que de vez en cuando se me sale lo latino en este sentido, pero inmediatamente trato de corregir mi actitud y tener más paciencia. Es fácil caer en la crítica y sentirse negativo. No te das cuenta y cuando menos lo piensas todo lo que dices y como respondes a las situaciones reflejan ese sentimiento negativo.

Importante para nuestra adaptación fue también acoplarnos a las estaciones y a hacer las actividades que el clima permita. En verano tratamos de visitar la mayor cantidad de parques y playas, recorro la ciudad en bicicleta, corro a través de los parques. En invierno tratamos de ir a esquiar, monto bicicleta en la nieve y tengo pensado aprender a hacer ski cross country. Para mí lo más importante es mantenerme activo todo el año.

Comenzar con un emprendimiento como ALMONDIA, especialmente en un país industrializado como Canadá, no venía con pocos retos: se trataba de un campo del cual no tenía mucha experiencia, no tenía una red de ayuda profesional que me apoyara en el proceso, además de estar en un país sumamente competitivo y exigente. Ni hablar del capital requerido para el inicio. Afortunadamente en este país existen recursos provistos por el estado para la ayuda de los emprendedores. Tuve la suerte de toparme con una institución incubadora de negocios de comida, FOOD STARTER, que me ayudó a formar esa red de apoyo tan necesaria, así como tener acceso a información y recursos del medio. Me dediqué a tratar de conocer la mayor cantidad de gente de la industria participando en cuanto evento relacionado existiera, además de realizar acercamientos uno a uno con personal clave de empresas de comida.

Siempre me preguntan ¿por qué leche de almendras? La verdad es que ha podido ser cualquier otro producto que me presentara una oportunidad como ésta, pero creo que resultó ser un complemento perfecto a mi estilo de vida. He sido intolerante a la lactosa desde pequeño y me sentí decepcionado la primera vez que probé leche de almendras. No tenía ningún sabor definido y mucho menos a almendras. En mi mente siempre pensé que tenía que haber una mejor manera de hacerla, especialmente que tuviera un mayor contenido de proteína y que además tuviera un sabor agradable. Fue así como nació la idea de ALMONDIA, con el mayor contenido de almendras del mercado, más proteínas y con una textura cremosa que la ha hecho la favorita de los consumidores.

Nuestros países latinos han pasado por muchas situaciones adversas y yo he podido ver como, por lo menos en mi país, siempre hay personas que han sabido capitalizar los cambios y ahora son empresarios prósperos. Creo que los latinos tenemos el emprendimiento en nuestras venas y eso es algo que la sociedad canadiense podría aprender de nosotros. Pude verlo en las familias que inician micronegocios en los barrios más pobres y en como una buena parte de la movilización social en Latinoamérica ha venido del emprendimiento exitoso de hombres y mujeres que han hecho crecer empresas familiares hasta convertirlas en grandes corporaciones. Cada país latinoamericano está lleno de ejemplos de este tipo.

Creo que un emprendimiento es un viaje que no se termina. Siempre hay retos que resolver, productos nuevos, más competencia. Hay que mantenerse en el tope de lo que haces para lograr sobrevivir. Yo apenas estoy comenzando. Conquistar un mercado como el canadiense es muy difícil pero no imposible. Cada día en el mercado es un reto para hacer que el consumidor cambie sus costumbres, se eduque para consumir lo más conveniente y lo haga parte de su dieta diaria. Por eso es tan importante ser RESILENTE, tener la capacidad de adaptarse positivamente a las situaciones adversas y sacar lo mejor de ellas. Esta es una de mis principales fortalezas: tratar de sacar lo positivo de cada situación que se te presenta. Ha sido un lema en mi vida y hasta la fecha trato de aplicarlo lo más que pueda.