LA VERDADERA INTIMIDAD

 

Por: Comunidad Nuevo Amanecer

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Marcos y Adelaida llevan 50 años de casados y tienen cinco hijos, ocho nietos y diez bisnietos. Un día, como de costumbre, salen a caminar por el parque a respirar aire fresco y ejercitarse un poco. Después de su caminata se sientan en una banca y observan el atardecer. En ese momento pasa por allí Nicolás, un hombre de 35 años que lleva cinco años de casado, pero siente que pronto será el fin de su familia. Al verlos juntos se acerca y les pregunta –¿Me puedo sentar aquí?

Marcos lo mira a los ojos y con una sonrisa le contesta –claro joven. Venga a disfrutar de este atardecer tanto como nosotros.

Nicolás se sienta al otro lado del banco y trata de apreciar el cielo que parece ser un lienzo recién pintado con pinceladas de colores azul, naranja, rojo y blanco. El paisaje provoca en él un suspiro que no puede evitar y sus ojos se llenan de lágrimas. Marcos y Adelaida perciben la tristeza en el corazón del hombre, pero no quieren interrumpir su espacio. Nicolás se limpia las lágrimas disimuladamente y les pregunta –¿cuánto tiempo tienen de casados?

–Acabamos de cumplir 50 años –contesta Adelaida.

–¿Cómo lo lograron? –pregunta Nicolás con una expresión de asombro.

–Con esfuerzo y dedicación, pero sobre todo teniendo intimidad. Tenemos intimidad todos los días. –responde Marcos mientras mira a su esposa profundamente.

Nicolás se sonrojó un poco al escuchar la respuesta de Marcos, pues le pareció que el anciano estaba siendo demasiado específico en su respuesta. Pero también pensó en lo afortunado que era este hombre de poder tener intimidad con su esposa todos los días y sobre todo a tan mayor edad. Marcos percibió que Nicolás se había sentido un poco intimidado con su respuesta, por lo que decidió preguntarle –¿Sabes a que me refiero cuando digo que tenemos intimidad todos los días?

Nicolás sintió que su cabeza se calentaba de la vergüenza y la incomodidad por la pregunta del anciano y quiso no haber iniciado la conversación con la pareja. No podía creer que el hombre le quisiera hablar de sexo, siendo él un extraño, y con su esposa allí presente. Se quedó perplejo y sin saber que contestar por unos segundos, pero rápidamente respondió lo primero que se le vino a la mente –¿Sexo?

Marcos y Adelaida se miraron y sonrieron de manera cómplice. –No joven, - agregó Marcos- el sexo no es la verdadera intimidad. Es solo un factor de la relación, pero la verdadera intimidad va mucho más allá. ¿Eres casado?

–Si, tengo cinco años de casado, pero no sé por cuánto tiempo más sobrevivirá mi matrimonio –respondió Nicolás con la voz entrecortada–. Siento que hay un abismo inmenso entre ella y yo. Ya no es como antes, a veces siento que ni la conozco y creo que ella se siente igual conmigo. Yo pensé que todo estaba bien. Tengo un trabajo estable, tenemos dos hermosos hijos, trato de complacerla y darle todo lo que necesita; pero cada vez la siento más distante.

–¿Cuándo fue la última vez que estuviste a solas con ella y la miraste fijamente a los ojos y le preguntaste cómo está? –preguntó Adelaida con preocupación.

Nicolás se quedó pensando, tratando de buscar un momento en el que lo haya hecho. Podía recordar momentos en los que la saludaba y le preguntaba cómo estaba, pero nunca solos y mirándola fijamente a los ojos. Trató de buscar en sus archivos de memorias, pero no había una imagen clara. –No lo sé. No recuerdo –dijo sorprendido.

– Esa es la verdadera intimidad hijo –agregó Marcos–. Es fácil perderse en el agite diario y en las responsabilidades del trabajo y los hijos. Pero es necesario encontrar ese momento para tener intimidad con tu esposa, ese momento en el que están los dos solos y hablan de corazón a corazón. Ella necesita ser escuchada, y tú también. En toda relación debe haber ese tiempo de atención fija, de dedicación completa a la otra persona que no debe ser interrumpido. Y debe ser mutuo.

Conocer el corazón de la otra persona es uno de los secretos claves para cultivar relaciones de muchos años –dijo Marcos sonriendo al ver la cara de asombro de Nicolás.

 Continuará… 

Y tú, ¿estás teniendo una verdadera intimidad tu esposo/a?

Regálale un tiempo ininterrumpido a tu cónyugue, mírale fijamente a los ojos y pregúntale: “¿Cómo estás?” Escúchalo/a atentamente y ¡disfruta de la verdadera intimidad!