Dr. Henry White.

El Doctor Para Ese Miembro de la Familia.


Cuando se es medico la satisfacción del deber cumplido viene de la mano de las sinceras gracias que el paciente ofrece con una palabra o una sonrisa. En el caso de un médico veterinario es algo más complicado, pues su paciente no puede hablar y no le puede explicar cuáles son sus síntomas o en donde le duele. Aún así, la nobleza de un animal va más allá de cualquier lenguaje y con una sola mirada puede dar el agradecimiento más emotivo. Son ese tipo de situaciones las que a diario debe sortear el médico veterinario Henry White.

Familiar ya para estas páginas, el doctor Charles Henry White no ha ocultado nunca su devoción por los animales. En sus primeros recuerdos, allá en Bogotá, siempre estaba presente algún animal. Creció rodeado de ellos y son muy gratas esas memorias en una finca en la que podía compartir y aprender sobre ganado y caballos. Otro de los síntomas del cariño por los animales es que siempre trataba de alimentar como pudiera a los perritos de la calle. Esa tendencia a velar por los animales terminó imponiéndose como su proyecto de vida, por encima de otras alternativas. Ejemplo fueron sus estudios superiores en economía sobre los que confiesa que jamás se llegó a sentir cómodo. Pero esa tranquilidad le sobrevino cuando ingreso a la facultad de veterinaria.

La paz que parece asomar en estos momentos en Colombia estaba ausente a mediados de los años noventa. Fue esta la razón por la que el doctor White y familia buscaron un nuevo futuro en Canadá. Un país diferente pero la misma simpatía por los animales de dos y cuatro patas. En su país natal asistía a los animales de un zoológico militar. En Canadá el director de su propio consultorio veterinario Kipling Animal Hospital. “El querer es poder. Nunca pensé que pudiese sacar mi licencia como veterinario; Pero en este país se llega muy lejos con paciencia, disciplina y esfuerzo”.

Su experiencia canadiense se define en el voluntariado que hizo en una veterinaria de Toronto al tiempo que gestionaba la obtención de su licencia. Al momento en que esta le fue otorgada, su buen trabajo ya le había asegurado un puesto fijo en aquella veterinaria. También es importante resaltar su trabajo como oficial de control animal para la ciudad de Toronto. Mientras el doctor White trabajaba en esta clínica pudo ver que había un número importante de dueños de mascotas hispanos que lamentaban no tener un servicio que hablara su idioma, esto sumado a otras situaciones lejanas a sus manos fueron lo que le llevó a abrir su propio servicio.

En palabras propias del doctor White un veterinario es “Un todero”, lo que significa que el mismo tiene que estar capacitado para practicar diferentes procedimientos: Desde poder aplicar vacunas a llevar acabo cirugías de distinta complejidad. Kipling Animal Hospital cuenta con el personal y los equipos para poder atender cualquier tipo de problema que presente la mascota. Vacunas, rayos x, ultrasonidos, exámenes de sangre y cualquier tipo de intervención quirúrgica que precise el animal.

No caben dudas en lo que se puede encontrar al buscar el servicio de Kipling Animal Hospital. “Buen servicio y pasión por el bienestar de la mascota y todo el entorno social que eso conlleva”. Y es que más que un trabajo, el doctor White lo entiende como una responsabilidad de conceder una segunda oportunidad a aquellos que no tienen una voz propia. Todo lo que pueda hacer es poco con tal que brindarles una mejor calidad de vida. Un trabajo envidiable en el que es tan importante lo que el dueño tiene que decir tanto como lo que pueda observar de su paciente. Vale decir que su cariño por los animales no conoce fronteras pues incluso dirige una fundación que rescata perritos abandonados en Colombia y trata de ubicarles un hogar acá en Canadá.