EL SUDOR, UN AMIGO TRAICIONERO

Por CARMEN MARTÍN


El sudor regula nuestra temperatura, pero también puede verse incrementado por el estrés, la ansiedad o los nervios      

Las glándulas ecrinas, repartidas por cada uno de los poros de la piel, son las responsables del sudor, termostato natural que sirve para regular la temperatura y que, por norma general, solo se activa cuando se hace ejercicio físico o suben las temperaturas.

Sin embargo, la ansiedad, el estrés, los nervios, las emociones fuertes y el bamboleo hormonal típico de la adolescencia, la menstruación, el embarazo o la menopausia son capaces de activar la máquina de sudar, que rápidamente comienza a expulsar agua aderezada con sales minerales, ácido láctico, urea y aminoácidos.

Se ha observado que las alteraciones de la temperatura también están ligadas a la ingesta de alcohol y de comida muy especiada o picante, lo que “suscita un incremento de la secreción de sudor por parte de las glándulas sudoríparas para regular la temperatura corporal alterada”, dice el doctor Ruiz de la Clínica Dermatológica Internacional.

La sudoración, que también sirve para eliminar toxinas, depurar el organismo y preservar la elasticidad de la piel, no huele a nada. El mal olor aparece cuando se descompone o entra en contacto con el “ph” de la piel y las bacterias que habitan en ella, generalmente en zonas mal ventiladas y con abundante vello.

Ni todos los olores son iguales, ni todas las personas sudan igual. Cada individuo posee su propio olor determinado por su herencia genética, el tipo de alimentación e incluso su estado de ánimo. Controlar la transpiración es tarea sencilla, basta con adquirir buenos hábitos de higiene, utilizar desodorantes que anestesien el mal olor durante la jornada laboral y vestirse con prendas elaboradas con fibras naturales, que permitan ventilar.

Controlar el sudor es un reto que trae de cabeza a dermatólogos y departamentos de I+D del sector farmacológico y cosmético, que últimamente está trabajando con las propiedades de la toxina botulínica para poder aplicarla de forma tópica.

Hasta que la investigación no ponga en el mercado un producto más potente, habrá que esgrimir el mal olor con la última hornada de desodorantes, que, con aroma o sin él, llegan enriquecidos con principios activos que hidratan la dermis, inhiben el crecimiento del vello o evitan la humedad e irritación de la piel.

Botox para combatir el sudor

Cuando el sudor se excede en sus funciones, se convierte en un enemigo que trastorna los hábitos e incluso puede llegar a complicar la vida social de quien lo padece. “La hiperhidrosis, sudoración excesiva e incontrolada, provoca en muchísimo casos limitaciones a la hora de establecer relaciones en el ámbito personal, social y laboral”, explica el doctor Ruíz, de la Clínica Dermatológica Internacional.

Las axilas, las palmas de las manos, las plantas de los pies y la frente son las áreas donde el exceso de sudor hace más hincapié, ya que en ellas residen un mayor número de glándulas sudoríparas que en el resto de la piel. Ahora, la toxina botulínica, además de eliminar las arrugas faciales, pone freno al sudor, inhibiendo los impulsos neurológicos que estimulan la sudoración.

Su aplicación es sencilla y segura, pero debe hacerse bajo supervisión médica en centros homologados. “El botox no impide dejar de sudar, sino reducir la sudoración a valores normales o ligeramente más bajos, evitando que se moje la ropa”, explica la cirujana plástica Mª Mar Vaquero, del centro Médico-Estética Felicidad Carrera.

La técnica consiste en introducir pequeñas dosis de toxina botulínica mediante inyecciones subcutáneas en la zona a tratar. Aunque no es doloroso, se suele aplicar anestesia local por refrigeración o troncal para amortiguar el dolor, sobre todo cuando se aplica en la palma de las manos y en la planta de los pies.

En cuestión de 24 horas

Los efectos comienzan a notarse a partir de las veinticuatro horas del pinchazo y va aumentando progresivamente día a día hasta que alcanza su máxima acción en una semana y “libera de esa sudoración excesiva entre seis y ocho meses”, asegura la doctora Vaquero.

Las inyecciones de botox no tienen efectos secundarios, salvo pequeños hematomas en la zona tratada, que desaparecen de forma espontánea sin precisar otro tipo de tratamiento. Se debe precisar que la toxina botulínica “está contraindicada durante el embarazo y la lactancia, en enfermos con trastornos neuromusculares, ya que puede interferir en otras medicaciones y en pacientes que mantenga un tratamientos con antibióticos del grupo de los aminoglucósidos”, explica el doctor Ruíz.

La simpacticotomía, intervención quirúrgica que interrumpe la cadena nerviosa simpática, es otra técnica para tener bajo control al sudor.