Alicia Viloria.

Conocimiento Puesto al Servicio de la Vida.


Screen Shot 2017-10-03 at 10.00.36 PM.png

El trabajo, más aún, la carrera de la doctora Alicia Mercedes Viloria Petit es ejemplar por la forma en que su desarrollo profesional ha tenido lugar. Esmero, paciencia, dedicación y un sin número de virtudes precisas en consagración a la ciencia y el deseo innato del ser humano por siempre saber un poco más. Pero se le puede sumar otro adjetivo, admirable. Admirable por la importancia que su trabajo significa en la lucha de brindar una mejor calidad de vida a los pacientes de una de las enfermedades importantes de nuestra era, el cáncer. “El recorrido ha sido largo, y las experiencias diversas y enriquecedoras en todos los aspectos. Mi interés en el cáncer me llevó de Maracaibo a Caracas, de Caracas a Toronto, de Toronto a Guelph, y el año pasado de Guelph a la ciudad de Montreal, donde pasé un semestre como profesora visitante en el laboratorio del Dr. Janusz Rak, en la Universidad de McGill”.

Licenciada en Biologia, MSc y PhD. Los réditos académicos de la doctora Viloria son, cuando menos, impresionantes. En el año de 1.994 obtuvo su licenciatura en Biología con especialidad en Microbiología en la Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela; ciudad de donde es natal. El siguiente logro académico fue la consecución de su maestría en Inmunología en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) en Caracas, Venezuela, entre 1.995 y 1.997. Para sus siguientes menciones académicas encontramos a la doctora Viloria ya en Canadá realizando una tesis de maestría y un doctorado en Biología Celular y Molecular, en el Departamento de Biofísica Medica de la Universidad de Toronto. Seguido por un postdoctorado en el Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum, situado en el Hospital Mount Sinai, también en Toronto. “Vine por primera vez a Canadá en Mayo de 1996, como estudiante graduado visitante al laboratorio del Dr. Robert S. Kerbel, situado en el Sunnybrook Research Institute. He vivido permanentemente en Canadá desde Noviembre de 1996”.

No obstante su historia en Canadá tiene inicio a mediados de la última década del siglo anterior, debemos trasladarnos al 2.009 para, acaso, citar una fecha oficial que dé cuenta de un inicio formal en el ámbito laboral del país.  “Como Profesora Asistente en la Universidad de Guelph, en el 2009. El post-doctorado que hice antes de este trabajo se considera entrenamiento, y lo hice becada, primero por el mismo instituto, y luego por el CIHR (Canadian Institute of Health Research)”. Como nota personal la doctora Viloria confiesa que  entre otras cosas… “Se me hizo difícil adaptarme al invierno, pero en un par de años aprendí a apreciar su belleza”.

Profesora Asociada e investigadora en la Universidad de Guelph, Ontario, la doctora Viloria recuerda perfectamente aquellos momentos decisivos en su pasado que la llevaron a consagrar su vida a la ciencia, pero más allá, a conocer y descubrir todo lo que pudiese sobre el cáncer. La primera vez que escuchara sobre esta enfermedad la doctora contaba 14 años y fue su abuelo quien, en aquel momento, padeció sus síntomas. “Fue una experiencia triste, y la que despertó mi curiosidad por este tipo de enfermedad. A esa edad yo me preguntaba cómo era posible que algo que se había originado en el pulmón se fuera al cerebro”. Otro momento que la doctora Viloria recuerda con especial cariño fue aquel en el que la ciencia se le reveló como una epifanía en forma de ensayo. Era su último año de bachillerato y una de esas profesoras extraordinarias, tanto que aún recuerda su nombre, Janeth Finol, le enseñó que era el método científico, el cual ella aplico  aplicándolo a un experimento que incluía elpara separar los componentes del veneno de la serpiente cascabel. “Gracias a este proyecto descubrí mi pasión por la investigación y por la biología. Cuando comencé a ver las materias electivas en la Universidad, descubrí mi interés por las células que constituyen nuestro cuerpo, y como los desajustes en su funcionamiento lleva a las enfermedades. Aprendí que el cáncer es un clásico ejemplo de este fenómeno, y desde entonces decidí que estudiar el cáncer era mi meta en esta vida, y es lo que he hecho por los últimos 25 años”.

En el campo de estudios de la doctora Viloria está enfocado, principalmente, al estudio del Osteosarcoma, el cáncer primario de hueso más común en humanos. Sobre este se plantean cuatro aspectos diferentes de investigación. Siendo el primero el saber más de cómo las células tumorales se comunican para promover la diseminación del tumor, o metástasis, a diferentes órganos. El segundo busca proponer formas de dar un uso práctico de dicho conocimiento para mejorar la prevención, diagnóstico, pronóstico y tratamiento del cáncer. El tercero apunta a compartir su experiencia a con los nuevos investigadores y profesionales en biomedicina. “Finalmente tengo la misión de educar a la comunidad sobre cáncer. Esto último lo he venido haciendo informalmente, pero en este momento estoy en conversaciones con varios representantes de la comunidad Hispana en Ontario, para desarrollar un ciclo de charlas dirigidas a educar a los Hispanos sobre el cáncer”.

En la actualidad no es solo uno, son dos los proyectos a los que la doctora Viloria dedica su tiempo. El primero se centra en descubrir formas no invasivas de diagnosticar, hacer seguimiento, o identificar blancos de terapia en el osteosarcoma, usando muestras de sangre u orina. En tanto el segundo relaciona directamente el avance agresivo del cáncer de seno en mujeres con sobrepeso. “creemos que podríamos descubrir formas de predecir la probabilidad de que una mujer obesa se presente con cáncer de seno, e incluso nuevas formas de tratar este cáncer en mujeres obesas y no obesas”

Haría falta un libro para hacer honor a su historia. No obstante, la doctora Viloria comparte unas palabras con las personas que han servido como su soporte por siempre.  “Quiero agradecer a mi familia, en particular a mis padres y hermanos. Mis padres, Angel Viloria y Emelina Petit de Viloria,. aA pesar de tener solo educación primaria y contar con muy bajos recursos, siempre inculcaron en mí y en todos sus hijos el amor al conocimiento y la importancia de la educación. También quiero agradecer a mi esposo, Stuart McCook, y a mi hija, Lucia McCook-Viloria, por el amor, apoyo y alegría que me han proporcionado todo estos años. Si no fuese por estas personas importantitisimas en mi vida, no hubiese llegado a donde me encuentro hoy”.